domingo, 11 de agosto de 2013

es totalmente necesario citar a sartre...

"El poeta esta seguro del fracaso total de la empresa humana, y se dispone a fracasar en su vida a fin de testimoniar, con su aporte particular, la derrota humana en general."


Es cierto que en la medida que se juega a ser Sísifo en un transe de ebriedad, esa ebriedad compone lo que seria lo inteligible, lo comunicable, la razón misma, en el juego de las palabras. Mundos de maravilla, a veces no menos efímeros, pero tan deslumbrantes como los que llueven en una noche de pirotecnia. Y esto se hace en la oscuridad y se expresa en la violencia refinada del misterio, ya que se persigue un exorcismo que nos permita ahuyentar el fantasma de lo real -así lo afirmaría la condesa sangrienta- "el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar".

Es por esto que deseamos el peso de la noche, deseamos ser fugitivos de la sencillez, somos parte de la poesía de la fuga, de la crítica del día, nos embarcamos en el camino del misterio para reencontrarnos con lo cotidiano. Por que es en lo cotidiano en donde vemos el misterio y en el misterio lo cotidiano.

Ante todo nos interesa la ebriedad, la incomprensión, "Es una aberración monstruosa -afirma Andre Breton- hacer creer a los hombres que el lenguaje ha nacido para facilitar sus relaciones mutuas".

Es así que la poesía de "la subjetividad inmediata" no nos otorga más que un mal poemario de primavera, nos otorga un irritante canto de “Pseudo jóvenes (...) que se declaran contra los peligros de una oscuridad presunta, y desearían que todo fuera tan claro en poesía como para cantarlo con acompañamiento de guitarra. Sea usted claro y sencillo (...) Ahora se trataría, además, de caerle simpático al auditorio, y, si es posible, de hacerlo bailar palabras para canciones, casi tangos, pseudo cuecas, semi boleros”.

Y estos pseudo jóvenes están viajando en un tren que esta sobrecargado. ¿Hacia que estación nos conduce ese tren lleno de jóvenes entusiastas de la claridad? Hacia la estación de los ángeles, de los vencedores, hacia el optimismo, hacia allá nos llevan.



¿Y que se respira en el aire de los críticos de la sencillez?

¿Los apologistas de la desconfianza y los rencores?

¡Se respira la organización del pesimismo!

¡pesimismo en toda línea!
¡desconfianza en la suerte de la literatura!

¡desconfianza en la suerte de la libertad!
¡desconfianza ante todo entendimiento!
¡es por eso que anunciamos que cada minuto anuncia sesenta segundos!

El malentendido es nuestro ambiente particular, el malentendido es lo mas familiar para nosotros, el exorcismo hacia lo miserable es nuestra salud, nuestro veneno no es más que una gota de belleza en un charco de putrefacción, la inquietud por este malentendido es nuestro carácter destructivo, es por esto que la reparación-para nosotros- es que algún día, un día cualquiera, todo será reparado, será reparada la amargura de ser desconocido y morir en la oscuridad, iluminar esa oscuridad es nuestra misión, la misión de los críticos que solo “elogiamos a poetas misteriosos”.

Que ironía seria no darnos cuenta que la sencillez esta en esto y no en la mediocridad que se esconde bajo la "sencillez", no en la miseria de aceptar lo cotidiano sin reencontrarse con el misterio, que fácil es disfrazar la sencillez de terrenalidad, que fácil es montarse sobre el demiurgo y no poder controlar los hilos, que fácil es dar una explosión de borboteos sin decir nada propio, sin que le crezca a uno el pelo, que fácil es usar los juegos del lenguaje ajeno cuando no se le comprende, que fácil es estar contento con la miseria de lo "posible", Qué fácil es conformar lo inconformable, que fácil es plantearse una táctica cuando no se conoce la estrategia, que astuto encontrar la escusa para no darle un cepillo a la historia, que mediocre es ser invertebrado con cuerpo, que conservador es hablar desde el "otro" sin tener un dote de alteridad, que fácil es vivir en la colonia penitenciaria bajo el mando de los que condenan la libertad.

Nosotros en cambio, vivimos en la nueva caledonia, en la caledonia de los comuneros, y nuestra consigna es, vivir para pensar lo impensado, de pensar en la forma del para sí, los contenidos del en sí, de desalienar al hombre, reconciliándolo con su propia esencia, de explicar el horizonte que da a la experiencia su “arriere fond” de evidencia inmediata, de levantar el velo del inconsciente y de absorberse en su silencio tendiendo el oído hacia el murmullo indefinido, en la búsqueda de la rebelión del espíritu.
Porque nuestro concepto de la literatura es el siguiente: “Un puñetazo que recibimos en la cabeza y nos despierta (...) Un hacha que rompe en nosotros el mar del hielo"

Tenemos humor negro, y somos niños terribles que nuestra superioridad consiste en no tener corazón, somos un barco ebrio:
“Somos bárbaros tal vez
desmesurados enfermos
bárbaros limpios de rutinas y caminos marcados
no aceptamos vuestras sillas de seguridades cómodas

somos los ángeles salvajes que cayeron esta mañana
en vuestras plantaciones de preceptos
poetas
antipoetas
cultos
anticultos.

Nuestra revelación son los puntos cardinales que son tres: el sur y el norte.

y es por esto que somos parias, para la percepción de la "sencillez".





Nosotros poblaremos para mil años los sueños de los hombres
y daremos un poema lleno de corazón
en el cual nos despezaremos por todos lados (...)
en todas las escalas se supone un asesino escondido
los cantores cardíacos mueren sólo de pensar en ello (...)

Que los que buscan la comodidad y el confort
que se alejen de nosotros.



“Que las olas van y vienen, y tu permaneces”

Y se queda para siempre, y se pudre.



Y que los que buscan eternidad en sus pasos

Podridos quedarán en su pseudojuventud.

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